Y así, cantando el vino y respirando,
corazón, vela y no sé,
como diría mi querido amigo
el Barbudo Saravia, Mónico Saravia.
Así, cantando vino y respirando
esta tierra de Salta,
llegaron a San Juan y Mendoza los
chalchaleros.
Y entre San Juan y Mendoza
andamos todos de ve z en cuando,
desatinando y manoteando en el aire
la alta flor del canto.
Para ellos le s voy a de cir este poema,
en el cual quiero homenajearlo
a todos los consumidores
de ese perfumado y violento y
apador de sangre.
Viene un color de vena desolada
nombrándote crepúsculo entre flores
y tocas el amor con resplandores
de sangre
y fruta azul martirizada como
un monstruo inocente
la mirada te duele de tan honda.
En los albores de tu cuerpo crisol
Hay ulteriores reflejos
de alarido y puñalada
Entre la piel y el alma
Te me pegas como la sombra
de un abuelo triste
Que en mí vengara toda su tristeza
Y desde el pozo de tu vida ciega
Un toro antiguo de jazmín
enviste mi corazón sin tiempo y sin cabeza.
Yo no sé,
yo no sé lo que me pasa,
para ser, para ser tan desgracia,
para ser, para ser tan desgracia.
Y he tomado,
y he tomado más de tres litros
Y apenas, y apenas siento el chispear
Y apenas, y apenas siento el chispear
Entre otro litro de vino,
doce perinos por caridad
Quiero cu rarme el dolor,
vida se va a olvidar
Viva la buena moza, viva Mendoza y San Juan
A ver, yo no sé, yo no sé lo que me pasa
Que no puedo,
que no puedo caminar
Que no puedo,
que no puedo caminar
Pensarán, pensarán que estoy borracho
Y ha de ser, y ha de ser debilidad
Que ha de ser,
que ha de ser debilidad
Hecho otro litro de vino,
dulce perino por caridad
Quiero curarme todo
y de ese modo olvidar
Viva la reina Rosa,
viva Mendoza y San Juan
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